Antes de que la primera reina pise la pasarela, el camarín de Contramano ya es un show en sí mismo: espejos con luces, bases mezcladas sobre la mesa y playlists cruzadas peleando por el parlante.
El armado empieza siete horas antes de la apertura. Cada participante trae su vestuario, pero el equipo del club aporta iluminación, prueba de sonido y ensayo de lip sync para que ninguna transición quede floja.
La ronda final se define con el aplauso del público, sin jurado. Es la parte más honesta de la noche: la corona la decide la pista, no una tabla de puntajes.
Si querés vivirlo desde adentro, las entradas de Drag Royale se agotan rápido. Reservá desde la agenda y llegá temprano para agarrar lugar cerca del escenario.